“Las series ya no son lo que eran”, exclaman muchos teléfilos (si existe cinéfilo, su homónimo catódico será este, ¿no?) y se echan a llorar desconsolados recordando lo buenas que eran las ficciones de antaño y lo pésimas que son las actuales comparadas con aquellas. Pero los recuerdos son traicioneros. La mente selecciona hábilmente y hasta inventa escenas que nunca se llegaron a rodar, y no repara en el ritmo, que ha cambiado ¡y mucho! Para empezar, en la actualidad el espectador no tiene paciencia ni para aguantar una sintonía larga. ¿Qué ha sido de aquellas caretas en las que salían todos los protagonistas, uno detrás de otro, con miradas furtivas a cámara y sonrisas Profident? Pues que han tenido que enterrarlas y sustituirlas por un veloz rótulo y los nombres aparecen ya integrados en los primeros minutos del argumento. Así que…, pon tú ahora en ‘prime time’ una de esas producciones ‘setenteras’, pon. No, es mejor recordarlas que revisitarlas. Tuve la desgracia de acercarme a ‘Starsky y Hutch’, una de las predilectas de mi infancia y a los pocos minutos apague el dvd horrorizado. El tiempo asesina a muchos de estos seriales sin piedad. Raras son las excepciones que permanecen inalterables al paso de los años. Y haberlas haylas, como las meigas. Pero no han de pasar décadas para que una producción se quede antigua, no hace falta. Una fan absoluta de ‘Friends’ me decía hace unos días lo mal que había envejecido la comedia. La muchacha había cometido el error: verla de nuevo. Sigue leyendo